CARTA ABIERTA Nº 1 A HUGO MUJICA
CARTA ABIERTA Nº 1 A HUGO MUJICA.
Buenos días, Hugo,
El hecho de que nunca llegará a tus manos esta carta y, por tanto, no vayas a leerla, no me impide iniciarla con una cierta preocupación, seguramente el miedo o la inseguridad que se genera en muchos de nosotros cuando te enfrentas a algo que consideras una tarea difícil de acometer, un empeño para el que no cuentas con las herramientas adecuadas.
Hace ya unos años que pude leer algunos de tus pensamientos escritos y unos cuantos poemas, y ya en esos años me impresionaron. De hecho utilicé algunos versos tuyos como pie de ilustración en algunos escritos relacionados con la belleza o el enigma de las puertas.
Hoy, paseaba a primeras horas de la mañana por los caminos del Valle de Allín mientras volvía a leer tu poemario “Y siempre después del viento”.
Volvía a leer los poemas y retornaban a mi los recuerdos de las primera lecturas, volvía a asombrarme de la precisión, de la profundidad y de la belleza.
Dicen que la poesía no es poesía si no te hace pensar. Si es así, tu poesía es belleza con mayúsculas.
En cada poema necesitaba pararme, volver a leerlo, interrogarme sobre cada pensamiento, llevarlo a mi vida, volver a leerlo para saborearlo, para dar gracias.
Si un escrito puede ser perfecto o casi serlo, no es otro que un poema, que nunca precisa sea extenso, sino que vaya dirigido al alma del que lo lee.
No me siento seguro al describir las sensaciones que me ha producido su lectura y me disculparás si corto con esta sucesión de alabanzas y halagos.
Una de las señas de identidad del libro es el viento, me parece. Un viento que todo lo trae de la lejanía, un viento que todo lo barre, lo borra, un viento que acaricia y arrebata, un viento que renueva, que acompaña lo que nace y lo que muere.
En tu primer poema, “Confesión”, ya haces una declaración de intenciones de lo que pretendes hacer con tu poesía, con cada poema, con el poema que quieres escribir. En mi opinión, lo has conseguido en todos los poemas del libro, ligereza y silencio, pero no has conseguido que nada se oiga cuando se leen tus versos, todo lo contrario. Ahí no lo has conseguido, aunque en poesía también se miente un poco y tal vez no eran tus intenciones las que declaras.
Se nota tu formación en filosofía, en la trascendencia de muchos poemas, como ese cortísimo, “Sólo al final”, en el que enfrentas las orillas de los viajes, de los continentes y de la vida.
Me he quedado unos minutos en tu poema “Renuncia”, en su lenguaje ambiguo, amplio a la vez, lleno de significados. Palabras como búsqueda, ir, llegar, soportar, ausencia, encuentro, renuncia y espera se suceden para hacernos reflexionar, para hacernos sentir más y más hondos.
¿Y qué decir de ese viaje por el desierto que titulas “Regreso”? Entre arenas, fuentes y espejismos, yo también me quedo con la sed.
Misterio y revelación en tu poema “En la piel”, escuchando y sintiendo la lluvia, incluso la que todavía no ha llegado, mientras temblamos y vivimos.
No sé que me ha llegado más hondo de tu poema “Travesía”, si el viaje, la lejanía o el sosiego, si el hambre permanente o mi color preferido, el azul, sobre todo si es profundo.
Me he sentido acogido por tu poema “Quiebre”, porque habla de las cosas de la vida, de los fracasos en las búsquedas, de revelaciones y encuentros, de acogidas y de vacíos que dejan lo que nos desampara.
Me ha costado entenderlo, pero he hecho míos los versos finales de “Después de tanto”:
“Soy mi victoria sobre lo que perdí,
soy lo que ya no espero.”
Es la primera carta que te escribo y, como ya he comentado antes, los nervios me impulsan a no extenderme más, pero no quiero acabar sin referirme a otro poema tuyo: “Abrir las manos”.
¿Qué es conocerse? ¿Cuando nos conocemos más, cuando pedimos o cuando nos entregamos? ¿Necesitamos sabernos para darnos? ¿O es confiar en que no estamos solos sino sostenidos?
Hugo, muchas gracias por tus poemas. Hoy han llenado mi día de preguntas y sonrisas, de esperanza.
Hasta pronto,
Pamplona, agosto de 2024
Isidoro Parra.

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