ENIGMAS. RETIRADA HACIA LAS SOMBRAS
RETIRADA HACIA LAS SOMBRAS
Es la tristeza que queda como poso del olvido.
Julio Llamazares: La lentitud de los bueyes
Acuarela: José Zamarbide
Pingyao, 2010, abusando de la belleza.
Desde las sombras, esta puerta me llama desde la profundidad de sus sombras, llena de luz y de palabras.
Su voz llega desde un túnel protegido de primeras miradas. De hecho, me cuesta llegar a su esencia, al detalle y al grafiti, a la huella del cincel. La distancia empaña imágenes que, en otros tiempos, lucían llenas de color.
Esta puerta ha vivido tantos momentos y con tanta intensidad que, ahora, se retira ya cansada y se reserva para ojos que miran más lejos, más adentro, para miradas que van más allá del reclamo del color.
De su vida plena nos quedan sus dimensiones, los pies de su marco, mármoles apenas visibles, erosionados por el tiempo y cubiertos de polvo, sus pre marcos que sostienen ese dintel que todavía conserva sus piezas talladas como avanzadilla de la puerta, los restos de sus pinturas; nos queda la discreción de su alejamiento de la calle y su apariencia de viuda digna que, calladamente, ve pasar la vida frente a ella.
Creo ver también un velo de tristeza en la mirada, no exenta de firmeza, que me dirige desde la sombra, marcando una distancia callada ante cualquier provocación. Es la seguridad que transmite aquél que tiene poco que perder.
¡Qué acertada la frase de Llamazares: es la tristeza que queda como poso del olvido!
No sabemos si es el olvido en que la ha dejado la actitud de los demás o el que ella ha buscado, cansada de tanta lucha, de tanto intento fallido por abrir sus puertas a la honradez, al libre discurrir de personas por su umbral, cansada de recibir golpes sin una palabra que los suavice, sin una disculpa.
Demasiados años de pequeños avances y grandes retrocesos en los acercamientos y en la entrega sin recompensas, sin un reconocimiento sencillo.
Así pasan algunas vidas, prestando siempre un servicio, poniendo su abrigo sobre el charco, asistiendo las necesidades de su prójimo sin recibir una palabra de agradecimiento; vidas sólidas que, a su tiempo, se retiran en silencio para mitigar la visión de su cansancio.
Son personas que, al igual que esta puerta, conservan la reciedumbre de su interior sin demandar el premio, alejados de toda tentación o deseo.
Sólo el sosiego de su alma las acompaña.
A pesar del reconocimiento de las palabras del poeta, que retratan lo que veo ante mis ojos, quiero levantar una lanza por esta puerta, por su mirada que se escapa hacia atrás por el túnel del tiempo, por el mensaje que me alienta a trabajar la aceptación de mi propia vida.



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