CARTA ABIERTA A ANTONIO PASCUAL PAREJA, 1
CARTA ABIERTA Nº 1 A ANTONIO PASCUAL PAREJA
Buenos días, Antonio, o tal vez debería decir buenos amaneceres. Lo digo porque hoy, como diría Vallejo, los húmeros se me han puesto a la mala y me han sacado de la cama más temprano que lo que suelo acostumbrar, que nunca es tarde, así que, para empezar, solamente puedo decirte que me rodea la oscuridad de una noche que todavía no deja ver alba alguna.
Estos días pasados, he vuelto a leer tu poemario “La hermosa pobreza” y ese cometido me ha venido a confirmar que leer poesía es un estado de ánimo. Digo esto porque a lo largo de sus páginas, he encontrado alguna señal mía que indicaba que en la primera lectura encontré poemas que me llegaron algo más allí de la mera lectura, pero en esta segunda, puedo asegurarte que han sido muchos los poemas en los que me he detenido y me ha golpeado el zarpazo de la herida que abre todo buen poema.
En algunos de los primeros poemas de este libro hablas de la naturaleza, de los brotes incipientes, del tiempo y del ser, de la cercanía con el mundo de los niños y, en ellos, me he quedado colgado como una hoja más de ese nacimiento, como una hoja de colores sin hacer, pero que quieren ser.
Dices que es difícil el silencio, Antonio, y lo es, pero es más difícil -al menos para mí- sobrevivir en el ruido y en el grito. En el alboroto me aturdo y necesito gritar, escapar; en el silencio sano mis heridas. Me quedo con tu huída -por llamarlo de algún modo- mediante el alejamiento. Apartarse para hallar es un buen camino.
Como dices en otro poema, ya la luz es de otoño. En mi caso, el otoño ya está avanzado, podría decir que han llegado los fríos. Por eso, y mucho más que en otros momentos de la vida, hay que tomar ese camino cuyo final ignoramos, esperándonoslo que, quizá por una vez, el abandono lleve a la belleza.
Si las palabras son el sostén de la vida, estoy de acuerdo contigo que debemos regalarnos cada mañana alguna que nos ayude a recorrer las horas. Dices azul y dices alma. Permíteme decir alba y sugerir ternura, pensar en algo parecido a la paz, pronunciar abrazo … y echemos a andar.
Hay que estar atentos en todo, no solamente en lo que nuestra sociedad considera importante, también -como dices- en el acercamiento de un pájaro a tu ventana o en rayo de sol que acaricia tu rostro, porque no sabemos realmente lo que nos hace vivir realmente. A veces el tímido rayo de sol te puede dar más vida que el impacto de un sol de verano y mediodía.
Dices que todo en la tierra es súplica. No lo había pensado, pero esa expresión, esa forma de llamar a la intensidad de la vida me ha parecido hermosa, muy hermosa. Se me ocurre que nosotros mismos podemos ser una súplica permanente que no encuentra eco.
Aunque esta no sea una buena carta, para aquellos que no gusta escribir cartas, es imposible no identificarse con la sutileza y la belleza de ese poema tuyo en el que recorres desde la escritura hasta el pensamiento puesto en el camino que atraviesa la carta hasta llegar al destinatario, el camino que siembran las palabras y, sobre todo, la espera.
Esto solamente es una muestra, pero no quiero cansarte ni aburrirte, Antonio. Demasiado bien sabes tú, y solamente tú, lo que has querido decir en cada poema, pero también es cierto que una vez que nos los has regalado en este poemario, es lícito que busquemos lo que nos sugiere cada verso.
Esta llegando el alba y te voy a dejar un momento para saludarla, pero tus poemas seguirán por mucho tiempo en mi mente.
Gracias, Antonio, hasta pronto.
Pamplona, marzo de 2025
Isidoro Parra.


Y ahora qué el invierno cumple su días,
ResponderEliminarlas palabras sueñan el susurro de una suave brisa,
siempre huérfanas entre el ruido y las prisas,
siempre a la espera de una voz que las rescate ,
de un aliento que les devuelva el eco de la vida.
Que afortunadas esas que en la noche,
en tu compañía llegarán al alba.
Un abrazo.
Iñaki, que diferente sería la vida para todos si cada uno de nosotros pudiera leer uno de tus poemas cada día, al alba. Gracias por éste.
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