ENIGMAS. LA TRISTEZA DEL FADO

LA TRISTEZA DEL FADO 




De la vida me acuerdo, pero dónde está.

Jaime Gil de Biedma: De senectute (Poemas póstumos)



Acuarela: José Zamarbide


Los recuerdos vuelan a Murça, en Portugal, al año 2014.


Paseaba por sus calles y me sorprendió la belleza en descomposición.


Mis ojos tropiezan con esta estampa y busco señales de vida en esta puerta, pero me cuesta encontrarlas.


Las que me llegan son himnos de tristeza, huellas de vida cansada, muy cansada, que se sostiene porque los recuerdos siempre alivian el paso del tiempo. 


Esta puerta, encaramada en el abandono, única dueña de su destierro, situada en lo alto, sobre piedras, ladrillos también abandonados, barro y cenizas, es una reina sobre las ruinas que la rodean.


A sus pies, los helechos amenazan convertirse en bosque.


La lluvia ha dejado en los muros más huellas que el tiempo, ha arrastrado colores y, después del color, los revoques de la piedra.


Las imágenes se agolpan unas sobre otras: matojos secos en las paredes, estandartes del olvido; hierbas que nacen y mueren, alimentando las raíces de los helechos, piedra que asoma y se expone, tras el derrumbe del yeso y la cal, a una caída definitiva, a dejar desamparada y sola esta puerta cansada.


Ningún signo de vida, salvo su propio rostro triste; una mirada en dos colores: el amarillo en la parte alta, en ese pequeño espacio protegido por el dintel de piedra y en la parte inferior de la hoja, en su contacto con la tierra, el sin color, gris y húmedo, de la madera vieja.


Este deambular por las viejas calles de Murça, me ha llevado ante este cansancio hecho poema.


Si no me detengo ahora, si no intento entenderla, no sé si tendré otra oportunidad de mirarla y que me mire.


No puedo evitar que a mi mente lleguen los apuntes sonoros de un fado que llora y se lamenta por este abandono y le susurra, muy al oído, bellas palabras de amor.


No sé si esta puerta se hará la misma pregunta que Gil de Biedma: De la vida me acuerdo pero dónde está.


Yo, al igual que esta puerta, voy cumpliendo años y ya me he comido una gran parte del pastel que me ha tocado en el aleatorio reparto. También me pregunto dónde está la vida que ya no volveré a vivir.


Miro a la puerta y me sonrío: Nos acordamos de la vida pero, cansados, resistimos.


Otro insigne poeta  (Joan Margarit) dijo: Si se ha podido dar, la muerte es otra. 



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