ENIGMAS. EL CANSANCIO PROTEGIDO
EL CANSANCIO PROTEGIDO
Todo cuanto procede del amor puro está iluminado por el resplandor de la belleza.
Simone Weil: Más allá del derecho y de la persona.
Acuarela: José Zamarbide
Esta puerta, con esos paños de madera de un verde vivo, ve pasar el tiempo protegida por un balcón de madera que la corona.
Mis pasos me llevan por este Camino con mayúsculas, el de Santiago, con la fuerza que me da desear llegar a mi destino dentro de unos días. Es el año 2017 y el camino ha puesto unas pequeñas alas en mis pies. Atravieso estas tierras de León y he tomado un pequeño desvío para no perderme Castrillo de los Polvazares, un enclave que parece un decorado para una película de buenos sentimientos, de encuentros en los campos de la belleza.
Son muchas las puertas que llaman mi atención en estas calles empedradas, puertas pintadas de verde intenso, azul oscuro, marrones, todas bellas, pero ésta me ha parecido más cansada, ahí, escondida en ese rincón, queriendo no ser protagonista de nada, ni tan siquiera ser vista.
Me trae la imagen del que silenciosamente ve la vida pasar, sin juzgar, con un espacio siempre dispuesto para cobijar al que tirita, para ver la lluvia caer sin mojarse, una llamada a la compañía.
Esta puerta sencilla tiene de todo: una cerradura antigua para dar cabida a una llave grande, pesada; una puerta para el gato, signos de vivencias que ha ido registrando en su memoria mientras el cansancio se apoderaba de su rostro.
Las piedras de los muros que la amparan no son hostiles con esta puerta, parece que la acarician y la arropan en un abrazo sellado por los duros inviernos compartidos.
Aquí, frente a ella, mientras la miro, me tomo un descanso y grabo en mi mente sus palabras que me hablan de los vientos que barren estas calles, de los inviernos que no terminan nunca, de los días que empiezan los lunes y se prolongan hasta el viernes en una soledad sin compañía alguna.
Por eso, cuando me encuentro con un habitante de este pueblo y alabo la belleza de casas y calles, me responde: Si, muy bonito, pero hay que vivir aquí.
Me llevo la imagen de esta puerta y las palabras de este hombre para enfrentarlas en el camino que me espera, para entender la diferencia entre pasar y vivir, entre visitar y habitar.
Hasta las palabras de Simone me resultan de difícil aplicación ahora. Siendo cierto que esta puerta que, seguramente, se levantó con amor, está iluminada por el resplandor de la belleza, las palabras que vienen directamente de la vivencia pura y constante, siembran la duda en la grieta de esta puerta.
Me consuela pensar que las grietas son también puertas a lo desconocido, a la ilusión de nuevos encuentros.
Tal vez la puerta no sea culpable de nada y seamos los hombres los que ponemos deseos y frustraciones en el sencillo propósito de la vida.


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