CARTA ABIERTA Nº 2 A JOSEP MARÍA NOGUERA
CARTA ABIERTA Nº 2 A JOSEP MARÍA NOGUERA
Estimado Josep, me atrevo a dirigirte esta segunda carta tras haber leído -creo- el resto de tu poesía publicada hasta el momento.
Podría hablar de cada uno de los libros que he tenido el placer de conocer pero, para no ser insistente y repetitivo, quiero hablarte de la sorpresa que he tenido y la experiencia vivida al leer tu poemario “Avanzar”, publicado en 2017.
Cuando he tenido el libro en mis manos he pensado, por el tamaño del mismo, que me encontraba ante un poemario menor. Craso error.
Desde el primer poema, “El amor” en este caso, he recibido el primer baño de intensidad, de profundidad serena en el pensamiento que transmiten sus líneas. Describes en estos primeros versos un momento vital de plenitud, repasando todo lo que compone una vida para abandonarte en la brillantez de sentir un amor que trasciende.
No quiero detenerme en cada uno de los poemas que componen este poemario, pero casi todos ellos respiran una espera en paz, una aceptación de lo que se vive, que no es otra cosa que un equilibrio entre la aceptación y el ensalzamiento de la belleza de lo sencillo. Así lo he percibido en el poema “Intemperie” y en otros muchos.
Por ello, pienso que palabra que podría resumir muchos de tus poemas es “paz”, manifestada en la habitualidad, en la vida diaria, compuesta de cosas y hechos sencillos, que solamente una postura bondadosa y equilibrada puede llevar a otros significados, a otras vivencias.
Algunos poemas me han dado la sensación de que hablan sobre una entrega personal a lo que nos rodea, una inmersión que se hace en medio de esa paz que he mencionado, sin darle mayor importancia a las renuncias, de una forma que podríamos llamar natural.
Otros poemas hablan de un punto de fuga por el que salir de lo cotidiano para volver a él encontrado contigo mismo, con confianza.
“Liturgia” ha sido, para mí, un poema sencillo y corto en su extensión y grande en su significado. Me ha recordado a muchos momentos que vivo cada primavera cuando contemplo los primeros brotes de mis árboles de la La Luna.
En algunos poema, como en “Los pájaros de marzo”, además de esa mencionada paz y la no menos importante aceptación, nos trasladas un escenario de integración con los ciclos de la naturaleza, como si vivieras en permanente comunión con ella.
También me ha llegado con fuerza el contenido del poema “Guardia”. En pocas palabras, has puesto delante mía el sentimiento que vivo muchos días cuando intento dormir en mi monasterio de La Luna: pienso en que los árboles de mi jardín, agitados por el viento, permanecen despiertos para proteger mi sueño. Algunos días, también se lo agradezco.
Es cierto que “Somos ese momento de silencio” y me atrevería a decir que somos y estamos hechos de todos los momentos de nuestros silencios mucho más que de nuestros discursos.
Dices en otro poema que nos basta con el canto de la golondrina. Tienes razón, tiene que bastar y es bueno que nos baste con ello. Seremos más felices.
Estoy de acuerdo contigo en que cuando vuelve el agua todo recomienza, vuelve la vida, las ilusiones, las posibilidades y, sobre todo, el misterio que susurra cuando cae o cuando discurre por el lecho del río.
Quisiera acabar, para no aburrir a quién lea esta carta, con otra palabra que impregna cada línea de este poemario: la sencillez que se ha apoderado de tu verbo, una sencillez que te hace más complejo y más grande.
Por todo ello, gracias, por la paz, por la sencillez, por la comunión con la naturaleza, por la grandeza de lo habitual de cada día, por la belleza.
Enormes gracias a la poesía y a los que saben crearla.
Hasta pronto, espero.
Isidoro Parra Macua
Pamplona, octubre de 2025


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