ENIGMAS. LUCHANDO CON LA PENDIENTE

LUCHANDO CON LA PENDIENTE 




Abismo del sin porqué

ni para qué,

el puro existir,

el milagro.

Hugo Mujica: Dioniso


Acuarela: José Zamarbide


A pesar de las ampollas en mis pies, paseo con tranquilidad por las empinadas calles de Gubbio, en esta primavera de 2019.


Para esta puerta, su resistencia ha sido una batalla contra el vértigo y su vida un ejercicio de equilibrio contra la pendiente.


Cuando ha estado cerrada, su apariencia ha sido férrea, siempre pendiente de no dejar traslucir una grieta por la que pudieran romper sus defensas.


Cuando ha estado abierta, ha tenido que transmitir confianza para que el que llegaba no se echara atrás en ese cruce de líneas oblicuas, cruzándose en ángulos afilados.


El color oscuro de su madera ha dado paso a las canas de plata que hoy envejecen con orgullo esas maderas encajadas, como piezas de un mecano, para construir una puerta rotunda.


Su posición horizontal en esta cuesta inclinada, la hace más vulnerable que otra que se afirme sobre otra horizontalidad. El esfuerzo por mantenerse en píe, erguida, le va cargando con el cansancio del que aguanta los desequilibrios que le toca vivir.


Es una puerta que cubre el hueco como una tela dura que cae, pesadamente, para dar una mayor sensación de solidez.


Puertas como ésta llenan las fachadas de las casas de la Umbría y la Toscana. Son una de sus señas de identidad.


Por esta puerta no entran ni salen carruajes ni tampoco las mercancías más voluminosas. Ésta es una puerta para guardar el género fino, los productos que necesitamos más cerca de nosotros. Es una puerta usada, cruzada con frecuencia, mirada con asiduidad.


La roca y la tierra sobre las que se asienta la casa a la que pertenece esta puerta no sufren seísmos, aguantan éste y muchos más desniveles y desequilibrios.


Esta tierra es bella y no podía desarrollar un concepto de puerta que no fuera bella en sus inicios y en su camino hacia el agotamiento.


Las lluvias que caen con frecuencia, han ido socavando la parte baja de la puerta, abriendo huecos que anticipan un deterioro que crece desde sus pies hacia lo alto.


Yo la miro y me pregunto cómo eran las puertas en aquellos años en que un lobo y un hombre bueno que regalaba palabras sencillas, celebraron sus encuentros en esta tierra, dando ejemplo de aceptación de la diferencia radical y de que el amor es el único camino que podemos recorrer.


Creo que el cansancio de esta puerta me quiere llevar con ella a tiempos pasados, a esos que intento vislumbrar en esta peregrinación por la piel de los caminos.


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