CARTA A ALEJANDRO SIMÓN PARTAL, 1
CARTA ABIERTA A ALEJANDRO SIMÓN PARTAL, 1
Buenos y respetuosos días, Alejandro.
Esta mañana, mientras paseaba por un hermoso parque de mi ciudad, Pamplona, he releído tu poemario “Una buena hora”.
El resultado ha sido dos horas atrapado en tus versos, en tu lenguaje, en la paz y la realidad que transmites en muchos de los poemas.
La primera impresión general ha sido la extrañeza de que, a la edad que escribiste estos poemas, que supongo no pasaba mucho de los treinta años, pudieras acumular ya tanta vida y tanta percepción de lo que ocurre a tu alrededor.
Tampoco puedo olvidar el fluir de las palabras en los versos, que parecen se van acompañando unas a otras sin estorbarse, mirándose con ternura y realidad al mismo tiempo, creando un espacio en el que esta presente lo importante y no sobra nada.
En el primer poema del libro, en la primera línea, hablas del amanecer. También lo haces en otros poemas, lo que me lleva a pensar en la importancia que tiene ese momento en tu universo poético. Te puedo asegurar que, para mí, es el momento más importante del día, lo considero un misterio que no quiero desentrañar, prefiero que venga cada día, que me abra las puertas de la vida cada mañana. Lo vivo especialmente en mi monasterio de La Luna, desde el que contemplo la luz amarilla o roja, brillante en cualquier caso, que los primeros rayos de sol dejan en el cresterío de Lóquiz.
Desde ese primer poema, se nota la presencia del campo, de lo rural, de los espacios abiertos en los que caben tantas sensaciones, tantas palabras. Otra grieta por la que me llega tu poesía.
He soñado con esos colores que describes en tu poema “Bendecidos”, los que apreciamos más en espacios sin puertas. Cuando contemplo la naturaleza que me rodea pienso que algo grande se me ha dado. Será una lástima que me lo quiten.
Hay otra idea que percibo en algunos poemas, la de la suficiencia de la escasez y la posibilidad de encontrar en ello la paz y la belleza. Lo he visto en tu poema “Un día se deja de amar”:
“Esta ha sido hasta hoy
mi experiencia humana:
Lo poco que se necesita para vivir.”
Y lo refuerzas en la belleza del inicio de ese otro poema que titulas “Despojado”:
“Esta ausencia de casi todo
me ha hecho rico de lo necesario,
portador de lo fundamental.”
Por cierto, si me ha llamado la atención estos primeros versos de ese poema, tengo que decirte que me he tenido que sentar para disfrutar sus versos finales:
“Los despojados,
los que saben entrar a cuerpo en la mañana,
los que avanzan en la aceptación.”
Con o sin tu permiso, los usaré en alguno de mis escritos, pero citaré la fuente, siempre lo hago.
Me ha gustado también ese enlace que haces entre el imposible amargor de unas naranjas que te iluminan en un recinto sagrado.
Podría hablarte de otros muchos versos que me han llegado, pero voy a destacar unos que me han hecho pensar especialmente en su mensaje y los he llevado a mi vida:
“Sobre la posibilidad de lo ausente
pongo el corazón.”
Me he puesto a pensar en estos versos y los he paseado por mi vida pasada, por mi presente, pero, sobre todo, por mi vida futura. De ahí parto, ahí me encuentro, no sé si será suficiente pero lo puedo vivir con más realidad que muchas otras cosas, ahí está puesto algo que va más allá de mi esperanza.
Muchas gracias, Alejandro.
Hasta pronto,
Isidoro Parra
Pamplona, octubre de 2025


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