EJERCICIOS DE TALLER. REFLEXIONES SOBRE TRES SOMBREROS
REFLEXIONES SOBRE TRES SOMBREROS
Lo de primera hora de hoy era inevitable, como lo es desde hace un tiempo. Me he puesto a leer la prensa y surge el primer sombrero -gorra roja en este caso- del omnímodo y plantígrado presidente del país más poderoso del mundo: cuando no se cabrea porque el reguetonero más famoso del orbe latino pone en evidencia sus actuaciones policiales contra la inmigración, lo hace porque el Tribunal Supremo de su país señala la ilegalidad de sus medidas arancelarias. Hoy ha habido suerte, no hemos leído nuevas amenazas a nuestra integridad territorial, física o de pensamiento. Esta mañana no nos han llegado noticias sobre Groenlandia, Cuba o Irán.
Me pregunto si tendrá una madre que le quiera o un padre algo menos zoquete que él para que le hablen del contenido y oportunidad de palabras como el respeto, el decoro o la buena educación, aunque también podían pagarle unas clases de baile o recordarle que nadie, ni siquiera él, estamos aquí para siempre.
Creo que nos quedan unos años de asombrarnos y despertarnos con la duda de si será nuestro último día.
Pero tengo una esperanza, la de la fuerza de la sociedad civil, como ha pasado en Minneapolis. Por encima de poderosos y magnates, la gente sencilla, harta de los atropellos contra la inmigración, es hoy una de las luces de esperanza. Me ha parecido que llevaban un sombrero blanco.
Igual, con unos cuantos más como los de esa ciudad, nos despertamos un día sin una gorra roja sobre nuestra calvicie.
El sombrero de la segunda hora era más agradable, era verde. Hoy, el día nos ha dado un respiro de agua y frío. Paseando por una avenida de nuestra ciudad, he visto que los narcisos que el equipo de jardinería ha sembrado por algunos trozos de césped de nuestros parques han surgido de la tierra y levantan las cabezas de las que en breves días surgirán esas flores blancas y amarillas que nos saludan como disciplinados heraldos de la belleza.
Además de no amenazarnos, son siempre puntuales y cumplidores con las fechas. Preceden a los colores de los árboles y a los grandes parterres de flores. Además, volverán el año próximo, estarán durante más tiempo que el show man de la gorra roja.
Su sombrero es sonrisa y es saludo amable. Son gratuitas y no intimidan. Su verde es más fuerte que rojo del paquidermo. Además, para convivir con ellas, no es necesario sacar el sombrero blanco del fondo del armario.
Rojo no, verde si -sin duda-, pero esta mañana me pregunto si no tendremos que volver a usar, con frecuencia, el blanco.
Pamplona, febrero de 2026
Isidoro Parra.


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