FUISTE UN HOMBRE

FUISTE UN HOMBRE


Y si puedes llenar el preciso minuto 

con sesenta segundos de un esfuerzo supremo 

tuya  es la tierra y todo lo que en ella habita. 

y todo lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

RUDYARD KIPLING


A mi padre, que murió hace once años, 

le debo todavía encontrar la palabra 

que retrate su ausencia y todo lo que deja 

a su entorno más próximo.


(A mi padre, que murió hace once años, 

le gustaban los ripios que yo escribía 

en la infancia. Por eso este poema 

tenía que ser sencillos diáfano y preciso, 

y abrirse a la solana como esos girasoles 

entre los que él posaba).


A mi padre, huérfano en la guerra 

que nunca acusó a nadie delante de nosotros, 

le debo esta mirada ausente de rencores.

No quiso que sus hijos heredaran el odio: 

sabía que de retales no se hace el futuro.


Nos legó una actitud distinta, 

basada en el respeto. Una vivienda digna 

alumbrada en lo humano 

para morar en ella el resto de los días.


Mi padre, que murió hace ya tanto 

y que sigue tan vivo, no perseguía el laurel 

ni tampoco el dinero. Lo legítimo estaba 

en no traicionarse, no manchar de codicias 

un corazón puro: la cabeza tranquila 

de la que hablaba Kipling.


Mi padre, que era un hombre prudente, 

medía sus palabras. Por eso aún no he podido 

encontrar la sentencia que describa su falta 

ni este hondo recuerdo una vez que se ha ido.


Puedo hablar de una tarde, a principios de marzo 

o al final de febrero. La enfermedad avanzaba: 

yo estaba junto a él, a un lado de la cama.

Se volvió entonces a ofrecerme su mano.

Y en su tacto guardaba el secreto del mundo: 

nadie muere del todo si el amor le sucede.



Poema de Braulio Ortiz Poole, 

de su poemario “Hombre sin descendencia”.

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