CARTA ABIERTA A MANUEL VILAS, 1

CARTA ABIERTA A MANUEL VILAS, 1


Buenos días, Manuel.


Hace ya un par de días que terminé de leer tu poemario que titulas “El hundimiento”. No es el primer libro de poemas y prosa tuyos que he leído pero, sinceramente, he necesitado estos días para decidirme a escribirte esta carta que nunca recibirás ni leerás, ni puta falta que hace.


Intento identificar la razón que me impide escribirte con tranquilidad, pero no me resulta fácil. Puede que sea el temor a hacer el ridículo, a no encontrar el lenguaje que exprese las sensaciones que me ha producido la lectura del libro o que al disfrutar de ese lenguaje tan vivo, tan atrevido y desolador, se me haga difícil llenar una sola línea con algo que se le parezca en intensidad.


No lo sé, pero no he podido retenerme, que habría sido lo más sensato, y me he puesto a machacar las techas de mi ordenador para escupir algunas palabras que no tendrán mucho sentido y que, lo sé de antemano, no llegarán a expresar lo que he sentido en algunos de los poemas.


Mucha noche, Manuel, muchas horas de tu vida asociadas o vividas en la oscuridad de la noche, solamente iluminada por luminarias de la calle -farolas, para no ponernos exquisitos- o por las luces de habitaciones vividas en soledad o en compañía real o imaginaria.


Muchas mujeres divinas, jóvenes, muchos billetes que pagan el placer o la presencia o la simple compañía o la escucha o el recuerdo del amor.


Muchos hoteles, Manuel, de nombre conocido y otros anónimos. No tengo claro cuales prefiero. Posiblemente unos para unos días y otros para los más solitarios, los más desesperados.


Mucho de padre y algo de madre, Manuel, pero ya lo sabía por tus memorias de familia.


Mucho de nombres célebres, Hitler, Stalin, muchas formas de odiarlos, de hacer de ellos una caricatura.


Mucho de hundimiento, Manuel, del personal, del mundo, del amor, de la vida, pero siempre hay una arista para agarrarse, para posar los pies y afianzarse.


Mucho de música, de grandes cantantes suicidados o muertos con el amparo de las drogas o el alcohol, muchas canciones para herirse a uno mismo, para castigarse con los recuerdos.


Mucho de ciudades con nombres ilustres, ciudades en las que siempre hay hoteles misteriosos, calles con farolas, mujeres estupendas o malditas -que es lo mismo-, calles vacías en la madrugadas, botellines de licor que acaban vacíos.


Sobre todo, Manuel, mucha vida, bien o mal vivida, feliz o infelizmente empleada, pero intensa, plena en el dolor y en la soledad, seguramente menos dura de lo que cuentas, pero no menos de lo que te ha llevado a escribirla.


Mucho desgarro y mucha fuerza, no menos desgarros de los que vivimos la mayoría aunque no sepamos o no nos atrevamos a expresarlos y, si te creo, más fuerza que la que tenemos los despojados.


De todos modos, Manuel, gracias por la intensidad, por esas horas sin poder dejar de repasar algunos de tus poemas, por la inquietud y malestar que generan, por las incógnitas que abren.


Hasta pronto, Manuel.


Isidoro Parra.

Pamplona, octubre de 2025.

 


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