ENIGMAS. LA GUARDIANA DE PLACERES

LA GUARDIANA DE PLACERES



Y cuando te encuentras perdido

del todo, en todo, y para siempre,

es cuando encuentras que, con todo,

lo mejor del todo es perderse.

José Bergamín: Esperando la mano de nieve


Dibujo: Mariano Peracho.



El sol inunda de color estas calles de Sidi Bou Said con esa luz mediterránea que llena de alegría los blancos y los azules.


Es 2004 y vamos en busca de las huellas de Flaubert, que se inspiró en esta luz, viendo este mar y recorriendo las cercanas ruinas de Cartago, para escribir su Salambó.


Es ineludible la visita al Café des Mats, en el alto de la población, y tomar allí un té con menta, sentarse en el suelo alfombrado y respirar el aire del mar.


En las calles de Sidi Bou Said queda la huella de una ley que, allá por 1920, obligó a los habitantes a pintar las paredes de sus casas de blanco y las puertas y ventanas de azul, creando un lugar de destino, una señal de identidad en estas cuestas que recorren la colina que se asoma al mar.


En una de esas calles, me quedo prendado de un cuadro pintado de azul y negro. 


El que tengo frente a mi es señorial, tiene la galanía de las puertas que guardan palacios, la seriedad del orden interior y la belleza del harén. Su dintel, de piedra pintada de negro y blanco está encajado en un rectángulo de pequeñas baldosas decoradas con flores. Su fuerza intensifica el color azul de la madera y los remaches metálicos pintados de negro para conseguir un efecto que te atrapa, con la mirada vagando entre las lunas y las estrellas que decoran las jambas de los portillos que se encuadran en el conjunto.


No es una puerta sencilla ni discreta, ni quiere serlo; probablemente no fue construida para pasar desapercibida, sino para dar testimonio de la riqueza de su propietario o, tal vez, para recibir con honores a la nueva esposa, para retenerla en toda su belleza,  aunque también custodiando en su interior otras bellezas.


Es una guardiana de la vida que fluye entre los muros de la casa, capaz de ocultar los gritos, pero incapaz de silenciar los murmullos y mucho menos la imaginación de los que caminan frente a ella.


Transmite el orden y el rigor deseado por su dueño, pero viene envuelta en el amor que el carpintero, el herrero y el pintor pusieron en su imagen final para dar testimonio de su buen hacer, de su entrega a la belleza.


Me imagino traspasar su puerta y encontrarme con patios y palmeras, con el agua que discurre y canta desde las fuentes, con mujeres que sofocan sus risas para acrecentar su misterio.


Me alejo con la pena del que no sabe ni sabrá, del que tiene vedado el acceso a los secretos bien guardados y a la belleza exuberante, pero nadie me quitará el placer de imaginarme lo que esta puerta guarda, la belleza detrás de la belleza.


Bergamín me ayuda a expresar lo que siento. Ahora, cuando también me encuentro algo perdido, o del todo y para siempre, encuentro que, con todo, lo mejor de todo es perderme y dejar volar mis pensamientos.

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