ENIGMAS. LA HISTORIA AFILADA.
LA HISTORIA AFILADA
Es posible que el aspecto más exquisito de la belleza consista en posarse sobre el horror.
Mario Satz: El azar del vuelo (El alfabeto alado)
Fotografía: Isidoro Parra.
Esta es una puerta realmente extraña.
Paseando por las calles de la parte vieja de Pamplona, en 2019, me encuentro con esta puerta escaparate que me brinda su oferta afilada, una oferta que me manda mensajes confusos.
La puerta es sencilla y está ya gastada, bastante agotada. Ni su madera ni sus cristales se salen de lo usual para un negocio sencillo en el que el propietario ejerce su labor y deja su sudor a diario, sin perspectivas de hacerse rico.
Habría que preguntarle si lo desea. Estoy seguro de que ha olvidado si tenía algún otro objetivo que no sea llegar a su jubilación con buena salud y ganas de vivir los años que le queden.
Ese olvido se ha ido llenando de otras experiencias, de los nombres de los cientos de clientes que le visitan, que le piden que arregle, que afile los cuchillos y navajas que ya le habían comprado o no antes; los minutos pasados escuchándoles sus problemas y sus alegrías, sus historias de familia, sus esperanzas rotas, las ilusiones de los nietos que han llegado, el comentario político, de clase. Al final, nada que cambie destinos ni genere peligros.
Su propietario ha dado muchos consejos y respondido a muchas preguntas, ¿qué me aconsejas?, necesito un cuchillo que corte bien, el que me llevé el año pasado no me ha salido bueno, …
El local que se cobija tras esta puerta bulle de vida, de horas atendiendo personas, amigos ya, acumulando vivencias propias y ajenas.
No me identifico con algunas navajas, sobre todo las más grandes –algunas más que armas- y las consecuencias de algunos de sus usos, pero mi mirada sólo está viendo los restos de un oficio antiguo, un rastro de retorno a un pasado de necesidades de defenderse, de bandidos simpáticos y caminantes confiados, de traiciones y venganzas, de historias que han alimentado el lento crecimiento de nuestros sueños.
Un pensamiento sale a mi encuentro: esta puerta cerrada parece abierta, me invita a pasar al interior, a impregnarme del olor del metal, a llevarme algunas historias, a contemplar el delantal del dueño, sembrado de virutas metálicas, de polvo de la piedra que afila y pone a punto algo más que el filo de esas navajas.
He elegido esa frase de Mario Satz, hablando del horror, en un libro que rezuma belleza en cada página y en cada línea, porque cuchillo, navaja, lucha, pelea, enfrentamiento, sangre, herida, son palabras que llegan asociadas, en nuestra memoria, a sensaciones próximas al horror, pero después de detenerme algo más que unos minutos frente a esta puerta, los malos humores desaparecen y queda lo cotidiano, la sencillez de la vida.
No tengo claro si lo que veo es o no el aspecto más exquisito de la belleza, pero estoy convencido de que la belleza que aquí se ha posado, no lo ha hecho sobre el horror.
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