DESAMPAROS Y RESCATES. EXACTAMENTE.
EXACTAMENTE
Tu habitación hospitalaria parece que es más hospital que otras: todo está limpio, casi pulido. No es solamente que no esté sucia, parece que no se ha usado ni ensuciado jamás y, tratándose de una habitación como ésta, da la sensación de que cualquier rastro de vida, salvo tú mismo, haya desaparecido. Ni una basura en la bolsa, ni un vaso con agua a medio utilizar, ni un zumo que te haya sobrado de la merienda.
Aceptas mi presencia a tu lado, pero con una cierta prevención, con una lejanía que se hace patente en gestos y palabras. Creo que no quieres manifestar ningún tipo de cercanía porque no deseas hablar con sinceridad. Tal vez temes que alguno de nosotros hagamos caer el escudo con el que te proteges y comiences a hablar con esa sinceridad que te haría ser más tú y hacer posible que pudiéramos ayudarte más en tu situación.
Exactamente.
Te muestras como una persona que no acaba de entender cómo estás aquí cuando deberías estar en tu casa, en la que te sientes suficiente y te sobras para atenderte y cuidarte a ti mismo. Posiblemente desconoces que los que te acompañamos sabemos de tus caídas, de tus desamparos en el suelo frío de tu casa, de las escaleras que difícilmente puedes subir.
Independencia y coraza férrea son los baluartes con los que intentas defenderte, los disfraces que has elegido.
Exactamente.
Manifiestas tu deseo de volver a tu casa cuanto antes, de tener la posibilidad de dar tus paseos habituales, de encontrarte con tus conocidos y charlar. Posiblemente no sabes que conocemos algo de tu aislamiento con los que te rodean, de tu falsa independencia, de tu alarde de simulación.
Por eso, tal vez, aparentas tener sueño y finges dormir, una forma como otra cualquiera de cortar una conversación, de evitar los caminos interiores, las debilidades inevitables y las gratitudes que no quieres manifestar.
Exactamente.
Cuando quieres cortar una conversación, utilizas esa palabra -exactamente- como si fuera un cuchillo o un muro que cierra cualquier posibilidad de comunicación.
Es como si dieras un portazo afilado y rotundo al que se encuentra a tu lado intentando desbrozar el camino del acercamiento.
Es igual que hablemos de tu vida, de la mía o de la vida en general, de la de todos, … exactamente.
Creo que intentas hacerlo natural, pero el miedo a manifestar cualquier debilidad te bloquea y te encierra más en ti mismo, en tu mutismo y en un cierto aire de falsa suficiencia.
Exactamente.
Lo que se respira en la conversación es falsedad, mentiras y distancia, a pesar de que todos nosotros intentamos romper esa coraza. En nuestra incapacidad de romper esa muralla se apoya tu mantra, exactamente.
Por no relacionarte, no pides nada, ni agua.
No echas en falta el periódico, ni la televisión ni la compañía.
Exactamente.
La función se va acabando y no es necesario que al final caiga el telón. En tu caso, el telón lo tienes bajado de forma permanente, cerrado a las expresiones, a las palabras ajenas, al apoyo que necesitas para caminar.
Todo es respetable, pero también es triste. Es posible que no lo sepas, pero sufrimos por no poder llegar a ti. Será imposible hacerlo si no bajas un poco la guardia.
Todos necesitamos a alguien. No hay que avergonzarse por ello.
Me gustaría haber sido más útil.
Te deseo que duermas solamente lo necesario, que manejes bien tu vida, que vuelvas pronto a tu casa.
Yo intentaré superar esta acidez de estómago que me produce mi limitación, mi falta de habilidad para vencer tu coraza, el hecho de no haber podido ayudarte.
Hemos acabado desamparados los dos.
De momento, no hay rescate.
Exactamente.
Pamplona, marzo de 2026
Isidoro Parra.

Comentarios
Publicar un comentario