ENIGMAS. LA VIDA VERDE SOBRE EL PASADO.
LA VIDA VERDE SOBRE EL PASADO
Yo, cada mañana me dirijo a una duda.
Basilio Sánchez: El galápago viejo (La creación del sentido)
Acuarela: José Zamarbide.
Ahí está, desafiando el tiempo, dejándose querer por esa hiedra verde que se encarama por el tejado buscando siempre la luz más limpia, difícil tarea en el cielo de Pekín en este año de 2006.
Mirando esta puerta silenciosa, no más que mi mirada, no sé si calla o intenta pasar desapercibida.
A pesar de la humedad que la impregna, el suelo limpio, recién barrido, da señales de la existencia de vida tras su madera.
Su amplitud sigue hablando de su importancia, pasada o presente. El desconchado de los pilares que sostienen el tejado, dejando a la vista el viejo ladrillo, me habla de su edad.
Los jarrones de frutas que dejan caer esos paños por los pilares tienen la filigrana y la caída que marcan la elegancia serena de las residencias elegantes. Nadie podría atribuir su presencia a una casa sencilla.
Las piezas de madera tallada que jalonan el entorno de la puerta parecen signos de nobleza, de poderío, pero la puerta sigue muda.
Hace tiempo que no me enfrentaba a un silencio tan tenaz, tan opaco.
La grandeza de la puerta me atrapa y pone límites a mi visión y a mi reflexión, pero ese portillo rojo, enmarcado en la hoja más antigua, centra la dirección de mi mirada.
Esa mancha roja parece un remiendo sin hilos, un anacronismo en la historia de la puerta.
Ni el tamaño ni la forma, ni el color ni la falta de herrajes ornamentales cuadran con el prestigio de esta reliquia.
Mi mirada comprende que esa mancha roja no pertenece a la historia antigua de la puerta ni de la casa. Es el arreglo fácil y rápido que los tiempos actuales imponen para hacer practicable el acceso, para permitir entradas y salidas.
Ya no son necesarios los espacios amplios, la gran puerta abierta para abrir el paso a carruajes y animales.
Solo las personas la cruzan, personas que el paso del tiempo ha alejado de viejos modos de vida, de otras costumbres y otra forma de valorar la belleza; eso, si el tiempo y las prisas les dejan tiempo para mirar y ver.
La puerta sigue muda, no me habla ni me cuenta nada de lo que guarda tras ella.
Yo la dejo, también en silencio.
Me voy y me dirijo hacia la misma duda que busco resolver cada mañana.


Comentarios
Publicar un comentario