ENIGMAS. SALA DE BAILE CERRADA

SALA DE BAILE CERRADA

 



Tira de los hilos del tiempo para coserse los labios.

Jordi Doce: Hormigas blancas


Acuarela: José Zamarbide.


Creo que las hojas de esta puerta podrían ser guerreros en actitud de escucha, guardianes del honor, defensores de delicados tesoros. 


A pesar de la profusión de motivos vegetales que decoran los cristales de cada hoja, su posición de firmes, coronada por esos penachos enhiestos que elevan su figura, dándoles ese aire firme, casi arrogante, me lleva de la hoja al guardián.


Estamos en Trinidad, Cuba, uno de nuestros destinos viajeros de este año de 2008.


Recorremos las calles, quedándonos fascinados por enormes casas coloniales y por el color de esta ciudad que nos habla desde el pasado.


Al cruzar una puerta abierta de un edificio, que parece público, nos asomamos al amplio salón que puede visitarse al pasar al interior y dejar la calle atrás. 


Sobre el suelo negro y gris de baldosas cuadradas, brillantes por la caricia de las bayetas que les dan brillo cada día, no encontramos muchos muebles. Todo parece que esté esperando la llegada del camión de las mudanzas. Parece un espacio robado, desvalijado o esperando su nuevo equipamiento.


A pesar del vacío, mi mirada se queda imantada por la puerta que nos cierra el paso a otro salón, una puerta de dos hojas, de madera pintada por ese color crema que uniforma la puerta con las paredes que la sostienen.


Parece el abrazo de dos hermanas siamesas que no pueden dejar de estar juntas, que cumplen un mandato de proteger lo que la puerta oculta.


A pesar de la firmeza que aparentan, son dos hojas ligeras que cierran el paso y, al mismo tiempo, insinúan la belleza que velan.


Ese elaborado trabajo de pintura sobre el cristal, esas figuras talladas en la madera, esos paneles de geométrica magia, me envían un mensaje que me impide seguir adelante y despiertan mi curiosidad por saber qué hay tras ellas.


Mi mente trabaja y se imagina un gran salón tras la puerta, un espacio amplio, listo para el baile más elegante, con una gran lámpara que ilumina todo el salón colgando del artesonado del techo.


Sería una noche de verano, cuando el sol del trópico ha rebajado su presión y el aire circula entre amplios ventanales y el humo de los puros impregna el ambiente con ese aroma tostado, marrón y algo picante.


Las mujeres llegan ataviadas con sus mejores sedas y sus mejores sonrisas. Es un atardecer de promesas que nadie espera cumplir.  


Es una noche para los sueños que no importa si se cumplen o no, para las ilusiones que alimentan nuestras sonrisas. No es necesario que la puerta se abra.


Esta puerta tira de los hilos del tiempo para coser mis labios hasta que decida invitarme a conocer el misterio.

Comentarios

Entradas populares