CARTA ABIERTA Nº 1 A MIGUEL D'ORS
CARTA ABIERTA Nº 1 A MIGUEL D’ORS
Buenas tardes, Miguel.
Me permito tutearte porque no es probable que vayas a leer nunca esta carta que, por otra parte, tampoco voy a poner en Correos.
Acabo de leer tu último poemario, “Tiempo de descuento”, y he pasado entre sus páginas unas horas. Alguien podría decir que no son necesarias varias hora para leer un poemario de esa extensión, pero lo cierto es que cuando un poemario te atrapa, sientes la necesidad de volver repetidamente sobre algunos poemas y, sobre todo, sobre algunos versos.
Generalmente, son los versos en los que te reconoces, aunque sea de paso por tu memoria.
Muchos son, eso creo, los motivos por los que unos poemas pueden atraparte. Entre ellos está, sin duda alguna, el que estén escritos por una persona que rodea tu propia edad, porque seguro que allí vas a encontrar algún pedazo de tu vida pasada, mejor o peor vivida.
En este poemarios tuyo, hablas del tiempo, uno de los grandes temas de cualquier poeta, pero me ha gustado que no lo trataras con benevolencia, que lo acusaras, incluso, de echar tus recuerdos en el agujero de la nada.
A estas alturas de la vida, no creo que haya que ser especialmente considerado con aquello que te trata mal, que no se detiene a sonreírte y pasa a tu lado constantemente, abriéndote una herida.
Así lo he percibido, al menos, en tu poema “No voy a perdonarte”.
Hablas también de la devastación de la memoria, ese refugio en el que pensamos que quedan protegidas nuestras vivencias y nuestros recuerdos. Así es durante un tiempo, pero en el de descuento todo se cae como una casa sin cimientos. Las vivencias se van perdiendo en el olvido y los recuerdos sirven para poco.
“De soledades” me ha parecido un poema lleno de sutileza. Supongo que las personas que te quieren o que pueden sentirse aludidas no estarán muy contentas, pero esos versos parecen haber salido de un armario muy interior y reservado. Como siempre, todo lo que permanece adentro mucho tiempo pide salir a la luz para evitar equívocos, para dejar las cosas claras y que nadie se engañe, ni tú mismo.
Tus reflexiones de “Otro ramalazo de lógica teológica”, me han transportado a mis años de petulante juventud, cuando sentía que mi sufrimiento por poca cosa, era terrible y se manifestaba así porque creía que yo era más sensible o más inteligente y podía ver lo que otros no veían. Al mismo tiempo, pensaba que los más simples eran más felices, sufrían menos. Han pasado los años y reconozco mi error de juventud. Por nada renunciaría a los momentos de dolor que siempre han sido palanca para avanzar, para valorar los momentos de felicidad.
Es difícil no estar de acuerdo con tu reflexión del poema “¿Esto fue todo?”. ¿Quién no desearía que la vida fuera siempre algo más?.
Me ha parecido ver un atisbo de vanidad en el poema “Afeitandome”, pero quién no la tiene guardada bajo el ala para intentar volar en algún momento de cada día.
No me llaman los versos por la noche, pero estoy de acuerdo en que todos tenemos un “My Way”.
Podría decirte más cosas de otros poemas, pero nadie sabe mejor que tú lo que se esconde detrás o antes de cada poema que nos has regalado.
No quería despedirme sin decirte que Linza también es un paisaje con recuerdos para mí.
Leer tu libro me invita a volver a leer otros poemarios que tengo tuyos y hace tiempo que no leo.
Unas enormes gracias y un abrazo.
Pamplona, febrero de 2026
Isidoro Parra

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