ENIGMAS. LA ÚLTIMA ESPERA

LA ÚLTIMA ESPERA 




Pero sabed que hay puertas

que sólo abren el horror.

Manuel Álvarez: Midnight Forecastle (Museo de Cera)


Acuarela: José Zamarbide.


Cemento, hierro y madera son los elementos que arman la imagen que se hace realidad ante mis ojos en este Shanghai, en 2009; materiales y una corta paleta de colores que los amalgaman. 


El cemento desigual de paredes y suelo, pulido y moderno en aquellas, más basto e irregular en el suelo, aporta el color principal del edificio. Me da la sensación de que el brillo de estas paredes y de algunos suelos es un intento de modernizar y acercar a estos tiempos lo que la historia casi olvida.


Ese hierro, reforzado por el negro de la pintura, arma y delimita el vano de las puertas, sellando todos los gritos, el espanto de la espera y la agonía.


La madera, el elemento que podía ser más amable, es lo bastante fuerte como para impedir la huida, el deseo de escapar de los seres que permanecían ocultos tras estas puertas durante horas.


Parece que estamos ante una cárcel de cualquier dictadura de cualquier país, pero no se trata de eso. 


Son las puertas tras las que permanecía el ganado esperando la hora del sacrificio en este matadero art decó de Shanghai.


Este edificio, erigido en 1933, en el distrito de Hongkou, ha sido matadero, fábrica de medicinas, instalaciones de frío y, en este año que lo visitamos, uno de los centros comerciales más modernos e innovadores de Shanghai.


Ahora, cuando los turistas como nosotros recorremos las rampas que te llevan por el interior de este edificio, admiramos la arquitectura, la visión futurista del arquitecto, su rabiosa actualidad, los chiringuitos más modernos, la última innovación en artesanías o en diseño gráfico, la belleza armónica de su fachada. Flotamos en este aire de modernidad, pero a mi mente llegan los lamentos de aquellas reses que, antes de llegar al sacrificio, recorrían estas mismas rampas para que su carne estuviera tierna y jugosa, creándoles un instante engañoso de esperanza de vida.


Estas pequeñas estancias cerradas servían de reposo, de aislamiento antes de que el último aliento volara hacia la sangre.


Yo recorro los espacios como cualquier otro turista, ajeno al pasado, buscando la fotografía más ocurrente, el claroscuro de la luz y las sombras. Me siento beber de esta modernidad que quiere borrar el pasado de estas puertas.


A pesar de ello, de la belleza de este laberinto vertical, la imagen de estas puertas tiene un solo color, el de la muerte.


Como ya dijo Manuel Álvarez, hay puertas que solo abren el horror.

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