EJERCICIOS DE TALLER. SE ME ACABÓ EL MUNDO DE TANTO USARLO
SE ME ACABÓ EL MUNDO DE TANTO USARLO
Esta pasada semana me he visto invadido por un insinuoso y atrevido catarro que, desoyendo lo que se le había indicado con las prudentes vacunas de finales del otoño pasado, luciendo mucho descaro y una falta considerable de educación, al llegar sin haber sido invitado, ha abierto todas mis puertas y ventanas para dar entrada a todos los virus que ha dejado en mi interior y que ahora pujan por salir. Una muestra más del desorden internacional que nos asedia. Nada de respeto ni de pedir permiso antes de entrar por sorpresa y por la fuerza en tu casa.
Al final de ese proceso, esta mañana, después de los alivios y nutrientes matutinos, estaba yo sentado ante mi ordenador para intentar buscar alguna palabra original que me condujera a escribir esta columna que ya ha empezado a tambalearse antes de empezar.
Ante un ataque de mucosidades impertinentes, he desplegado mi ejercito de pañuelos medio usados en los que había montañas y lagunas, zonas secas -pocas- y espacios húmedos -los más- que me han dejado pensativo. Mi ejercito esta diezmado por las aguas. Apenas encuentro un pedazo de tierra seca en la que sentarme a descansar. El invasor pretende destruir todas mis defensas.
¿Qué hago? ¿Tengo que invertir en más pañuelos, tengo que hacer crecer mi depósito de municiones para defenderme? Sé que me criticarán por invertir en este producto que proviene de la madera de los bosques más primigenios, sé que estoy contribuyendo a talar más árboles, a poner en peligro nuestras reservas de oxígeno pero, ¿qué hago?
Os aseguro que ya he intentado hablar con el catarro y con el general de su ejército, pero no me hacen mucho caso, ellos a lo suyo.
He pensado en cómo podía defenderme con mi ejército débil y diezmado de pañuelos arrugados y heridos de desgarros.
Pasando a la acción, he pensado que podría poner algunos de ellos al sol para que se secaran, pero precisamente hoy está nublado y llueve. Camino cerrado.
También he pensado en extender alguno de ellos sobre el radiador para recuperarlos de su estado, pero la calefacción no está puesta a estas horas. Además, también es cierto que debo minimizar el uso de gasoleo si quiero defenderme de la subida de los precios y, además, tengo que defender el medio ambiente. Me siento asediado y cuestionado, sin opciones.
Podría soplar sobre ellos, pero no me sale el aire con facilidad: el ejército invasor tiene taponadas todas mis salidas.
Examino el uso que he hecho de mis pañuelos, si los he maltratado más allá de lo necesario para buscar únicamente mi beneficio, pero el pensamiento se me va al mundo que, probablemente, es como un pañuelo y, en estos momentos, un pañuelo lleno de mocos, invadido por ejércitos invasores que no han sido invitados.
Al igual que el catarro y sus ejércitos, tenemos el territorio de parte de este planeta invadido y acosado por máquinas de destrucción masiva, aviones, bombas, metralla, drones malintencionados, perversos, llegados sin haber sido llamados.
¿Qué hacemos? ¿Cómo resistimos al invasor? ¿Hemos perdido nuestras oportunidades por usar el mundo en demasía y no pensar?. Al igual que las vacunas, el orden establecido tampoco ha funcionado.
¿Se acaba el mundo de tanto usarlo o somos nosotros los que acabaremos?
Pamplona, marzo de 2026
Isidoro Parra

Comentarios
Publicar un comentario